Las ligas de la queja

Hace ya muchos meses que escribí este post pero algo pasó con mi blog y no podía subirlo. Bueno, no voy a quejarme más y vamos al punto =)

“Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento.” Números 11:1 RVR1960

No hace mucho pasé por este pasaje en mi lectura diaria. Me impactó mucho cuánto la queja hace enojar a Dios. Ha habido temporadas en nuestra familia en las que nos damos cuenta (a veces no) de que estamos de quejosos. Son esas temporadas en las que en varias áreas del día a día el vaso se ve medio vacío. 

Hace algunos años, un predicador que nos hablaba de la gratitud vs. la queja nos compartió de una buena práctica y que nosotros como familia hemos hecho de vez en cuando. Consiste en que cada vez que alguien se queja por algo, sin importar lo mínimo que sea, se pone una liga en la muñeca. Por ejemplo: “¡Ay! Siempre me quemo”; “¿Por qué dejan las cosas fuera de su lugar siempre que las usan”, “¡Tengo mucho calor!”, “Le he pedido varias veces que haga las cosas y no lo hace, ahora lo tengo que hacer yo”, “Otra vez la comida está desabrida”, “Siempre me toca que hagan corte en la caja del super en la que me formo o siempre es la más lenta”, “Ese conductor se metió en la fila en lugar de esperar”, “La etiqueta de la playera me pica” y así, la lista sigue y sigue.

Al final del día, antes de ir a dormir, cada quien en lo personal considera la cantidad de quejas que expresó durante el día, va delante de Dios y pide perdón por ese espíritu de queja, se quita las ligas y al día siguiente vuelve a empezar. He de confesar que la primera vez que hicimos este ejercicio compré una caja de ligas, ¡¡¡no nos alcanzaron para el primer día!!!! Tuve que comprar otra caja para poder seguir con la práctica. 

Increíblemente conforme fueron pasando los días esas quejas fueron disminuyendo y en su lugar nos hicimos conscientes de cuantas cosas tenemos para agradecer.

También comprobamos que la queja es extremadamente contagiosa, si mamá se queja por las cosas que le suceden, al rato los hijos, de la edad que sean, empiezan a quejarse también y se vuelve un círculo vicioso.

No digo que esto sea la solución para tener un corazón agradecido pero por lo menos nos hace conscientes de cuánto nos quejamos. ¿Qué tal si por cada queja, por lo menos, buscamos una cosa para agradecer?

Bajo su gracia

Lily

P.D. Hoy escuché una frase de Jeremías Burrows, un pastor puritano del siglo XVII y que me impactó mucho: “El contentamiento cristiano es ese espíritu lleno de gracia, dulce, reflexivo, callado, que libremente se somete y se deleita en la sabia paternidad de Dios en cualquier condición.”

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