La fe es un verbo

Hace unos días estaba leyendo el pasaje del Evangelio de Juan en el que los discípulos se subieron a una barca para ir a Capernaum. Había una tormenta y de pronto vieron a Jesús caminando sobre el mar acercándose a ellos, y les dice: -me gusta mucho cómo lo tradujo la versión NTV-: “No tengan miedo ¡Yo estoy aquí!

Unos días después mi esposo me compartió un video. El ministro que estaba hablando hizo una exposición sobre la fe que me ayudó a entender un poquito más algunos versículos como: “Empero sin fe es imposible agradar a Dios”; “Si tuvieres fe como un grano de mostaza” y otros. Normalmente siento que no tengo la fe suficiente y pido a Dios que me de más de ella para poder tener paz y descansar en sus promesas. Muchas veces es más un clamor que una oración simple porque el temor me invade, así como a esos discípulos en medio de la tormenta. Me preocupo y me invaden pensamientos de “y si pasa esto o lo otro ¿qué vamos a hacer?” Generalmente son situaciones que aún no han ocurrido pero ya me están provocando temor.

Él decía, que generalmente pensamos en la fe como un sustantivo, algo que podemos contabilizar, algo que necesitamos obtener, pero si lo cambiáramos por un verbo nos sería mucho más fácil entenderla. De hecho la palabra bíblica fe en la raíz griega es un verbo. Entonces si lo cambiáramos por el verbo confiar cobra más sentido.

Cuando conocemos por primera vez a una persona no le tenemos confianza; no es digna nuestra confianza; no se ha ganado nuestra confianza. Si seguimos relacionándonos con ella, poco a poco, esa relación se va tornando de más o menos confianza, dependiendo del desempeño de la otra persona con respecto a las cosas que le hemos confiado. Si, por ejemplo, le confiamos un secreto y poco después nos enteramos que lo compartió con otra persona, la próxima vez que tengamos algo  para contar, es casi seguro que no tendremos confianza para hacerlo otra vez.

Al pensar en eso recordé las palabras de Jesús ¡Yo estoy aquí! Queriendo decir: ustedes me conocen, les he demostrado que pueden confiar en mí, ¡No teman!

Así que pienso que por eso Dios insiste una y otra vez en que vayamos a Él, que nos relacionemos con Él cada día de nuestra vida porque entre más lo conozcamos más se hará ganador de nuestra confianza. No es que al pedirme que tenga fe, yo tenga que “pujar” o esforzarme para que se produzca en mí, sino que al estar con Él eso se irá incrementando, podré dejar más y más mi vida en Sus manos. Entre más confianza tengamos en Él, más fe tendremos. Se trata de una relación de confianza.

Cambiaría la cita anterior: “Pero sin confiar es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. He. 11:6 Para tener confianza para acercarnos, primero debemos creer que es una persona a la cual nos podemos acercar.

O “Viniendo entonces sus discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? Jesús les dijo: Por confiar poco; porque de cierto os digo, que si tuvieran confianza como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá y se pasará; y nada os será imposible”. Mateo 17:19,20 No porque nosotros podamos mover un monte sino porque estaríamos seguros que Dios es capaz de hacer eso y mucho más.

¿Cómo no tomar tiempo para relacionarme con él? Una chica que conozco le dice a su familia: “Por favor, no me interrumpan, voy a tomarme un cafecito con Jesús” y se encierra para orar, alabar, leer la Biblia, etc. Su fe/confianza, seguro se ha incrementado.

Bajo Su gracia

Lily

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