Maternidad con misión (Parte 1)

Este es un programa de radio que escuché recientemente en inglés. Es una entrevista que le hicieron a Jani Ortlund, escritora y conferencista. Me gustó mucho escucharla y me hizo recordar las cosas importantes de la maternidad. Como dice Tito 2 que las ancianas enseñen a las jóvenes, hay mucho qué aprender de ella como mamá y ahora como abuela. Espero les sea de bendición esta traducción que hice de ese programa. El programa original en inglés lo pueden escuchar o leer aquí.

 

«Una de las mejores formas de crecer como mamá es aprender de mamás experimentadas que ya han pasado por ahí antes que nosotras. Hoy haremos eso mientras Nancy habla con Jani Ortlund

Nancy DeMoss Wolgemuth: Una de las partes divertidas de mi trabajo en Revive Our Hearths es que tengo que presentar  a algunos de mis amigos que han sido una gran bendición y de estímulo y reto en mi propia vida, y que entonces puedan conocerlos y ser bendecidas por ellos así como ellos me bendicen a mí.

Jani Ortlund es una de esas amigas especiales. Nos hemos conocido mejor durante los últimos años. Ha escrito en el blog True Woman, ha hablado en las Conferencias de True Woman. Jani es esposa de pastor. Su esposo, Ray Ortlund Jr. Pastorea la iglesia Immanuel en Nashville, Tennessee.

De hecho, Jani, tu suegro fue mi pastor cuando estaba en la universidad. Muchos de ustedes han escuchado en Revive Our Hearts a Ray aunque ahora está con el Señor. Es muy dulce ver a Ray Jr. y a Jani que aceptaran la estafeta de la fe, y ahora pasarla a la siguiente generación.

Jani, estamos muy agradecidas de tenerte aquí con nosotros en Revive Our Hearts.

Jani: Oh, gracias, Nancy. Ray y yo amamos Revive Our Hearts y True Woman y oramos por ustedes. Estoy tan honrada de estar aquí.

Nancy: Bueno, ustedes han sido grandes amigos y una gran bendición en mi vida. Dinos un poco sobre tu familia. Tu tienes cuatro hijos adultos.

Jani: Nuestro hijo mayor, Eric, es un profesor de Antiguo Testamento en Briarcrest Seminary en Saskatchewan, Canada. Él y Erin tienen dos pequeños, Kate y Will.

Después está nuestra hija, Christa, quien es mamá de tres pequeños. Ella es una modelo, lo cual es una profesión muy difícil para una cristiana, pero ella sigue a Cristo de forma cercana, y nosotros estamos tan agradecidos por ello. Christa está casada con John, quien trabaja en Wheaton, Illinois (no en la universidad de Wheaton sino en un negocio)

Nuestro tercer hijo es Dane (nuestro segundo hijo varón). Él y su esposa, Stacey, también viven en Wheaton, así que tenemos dos hijos en la misma ciudad. Ellos tienen cuatro pequeños, y Dane es Vicepresidente de la División de Biblia de Crossway.

Y luego, nuestro “bebé” Gavin, es un pastor asociado en el sureste de California y con su esposa, Esther, tienen dos pequeños. Tenemos once nietos. ¡Cómo agradecemos al Señor por nuestra familia!

Nancy: Y una de las razones por las que fue posible tenerte aquí en el suroeste de Michigan es porque vas camino a ver a esas dos familias, con siete de los nietos.

Jani: Sí, yo estoy tan agradecida con cualquier oportunidad que el Señor nos permita para ministrar cerca de alguno de nuestros hijos y nietos que están lejos. Yo digo, “oh sí Señor, ¡lo haré! ¡Iré a visitar a los chicos después! Así que gracias por la oportunidad.

Nancy: Bueno, como sabíamos que vendrías, aprovechamos la oportunidad para hablar con algunos de tus hijos.

Tú no sabías que estábamos haciendo esto, pero nuestro productor los llamó y les hizo algunas preguntas sobre cómo había sido ser un hijo o hija de Jani Ortlund.

Jani: La verdad saldrá a la luz. ¡Oh, Dios!

Nancy: Así que queremos poner un audio de varios de los hijos hablando sobre sus memorias de Jani como mamá.

Christa: Ambas amamos a los caballos, así que íbamos a un establo cercano y limpiábamos los establos como pago por una lección en la tarde. Nos levantábamos temprano la siguiente mañana y hacíamos lo mismo. Recuerdo esos días como algunos de los más felices de mi niñez; que ella dejara de hacer todas las cosas que había que hacer en casa y hacer algo que yo disfrutaba. Eso era especial para mí.

Hijo 1. Durante cuatro años, cuando era un niño, vivimos en Escocia, donde mi papá estaba estudiando. Mi mamá nos sentaba alrededor de la mesa, leía para nosotros y con nosotros. Era invierno, y nevaba mucho. Recuerdo estar sentado ahí como niño pequeño y estar muy feliz y contento. Me gustaba leer.

Estaba aprendiendo a hacer un tipo de lectura profundo. Estaba aprendiendo a escuchar la “música de las palabras” Hay una forma de escuchar con el alma cuando se lee un muy buen libro, y aún a esa temprana edad mi mamá me estaba ayudando a hacer eso.

Hijo 2: Cada mañana cuando bajaba las escaleras, sabía que ella iba a estar ahí, sentada en el sillón con su cobija y una bebida caliente, leyendo su Biblia.

Hijo 1: Era muy claro que la Biblia era el libro más importante para mi mamá. Era un asunto de alimentarse para seguir adelante con el día.

Hijo 2: Desde un principio tuve la idea de, “esto es lo que un adulto hace”, un adulto sano que camina con Dios. Ellos empiezan su día con Dios, y empiezan su día con la Escritura.

Christa: Recuerdo el construir el hábito de ir a la iglesia cada domingo. Yo la veía tener su tiempo devocional en la mañana, y teníamos devocionales familiares cada noche en cuanto podíamos. Ella tenía que ser intencional, porque como mamá de cuatro hijos, podría ser muy fácil para ella estar atrapada en todas las listas de cosas para hacer, especialmente cuando mi papá estaba tan ocupado con el ministerio.

Hijo 2: La recuerdo regresar a casa del trabajo, y a la revolución de cada día cuando tienes cuatro hijos. Estás en el trabajo todo el día y te apresuras para llegar a casa a poner algo en el horno, y esa clase de cosas, y aun en medio de todas esas ocupaciones, ella era tan alegre.

Nancy: Y así Jani, estos que eran tan pequeños, que nacieron tan seguido cuando eras una mamá joven, ahora son adultos. Ellos están siguiendo a Cristo, ellos están hablando de los sacrificios gozosos que hiciste, la intencionalidad. ¿Qué sucede en tu corazón cuando escuchas eso?

Jani: ¡Oh, mi corazón se desborda! Pásame un pañuelo, Nancy. Apenas puedo contener las lágrimas. Cuando estás ahí como una madre joven, no te das cuenta de eso. Todo lo que sabes es que estás exhausta. Pero poder mirar atrás, me recuerda ese verso en Galatas 6. “no se cansen de hacer el bien, porque a su tiempo segaremos”. (ver el versículo 9)

Tenemos que animar a las mamás, hay una cosecha que será recogida después de plantar esas semillas. Estoy tan agradecida de que mis hijos me recuerden leyendo la Palabra, porque, Nancy, creo con todo mi corazón que es mucho más importante ser un buen cristiano que ser una buena madre. Quien eres como cristiano es más importante que quien eres tú como mamá.

Nancy: ¿Qué quieres decir con eso y por qué?

Jani: La Biblia enseña que del corazón mana la vida, las fuentes de tu vida… de la abundancia de tu corazón. Jesús dice que de la abundancia del corazón habla la boca. Así, que lo que hay aquí eventualmente saldrá. Si estas poniendo en tu corazón preocupación, fatiga, resentimiento, temores, eso es lo que saldrá.

Pero si cada mañana te reúnes con el Dador de gracia, tendrás más gracia para darles a tus niños. No estoy diciendo que sea fácil; yo sé que es difícil. Estás exhausta, y el bebé más pequeño siempre te escucha. No importa a qué hora te levantas.

Si pones tu alarma a las 4 de la mañana antes de que tu bebé se despierte a las 5 para su primer alimento, el bebé se despierta a las 4. Si pones tu alarma a las 5 el bebé se despierta. Entiendo eso, pero quiero animar a nuestras escuchas (sobre todo a aquellas mamás jóvenes) que se hagan ese tiempo. Luchen por él, aférrense a él, hagan lo que sea necesario, porque es sólo cuando Jesús fluya a través de ustedes que sus hijos lo encontrarán a Él irresistiblemente bello y serán llevados hacia Él.

Nancy: Tenemos algunas mamás jóvenes aquí en el salón. Ellas tienen pequeñitos ahora. ¿Puedes regresar a ese tiempo en tu vida? ¿cómo supiste de la importancia de estar en la Palabra y luego cómo lo hiciste parte de tu vida en esa época?

Jani: Yo supe de su importancia por todos mis errores. Recuerdo una vez que hice un comentario hiriente que salió de mi boca y Ray lo escuchó y era sobre alguien a quien amamos. Él me miró, me detuve y pensé sobre lo que acababa de decir, y dije, ¿de dónde vino eso?

Ambos dijimos al mismo tiempo, sabemos de dónde vino, vino de mi corazón. Así que, a través de mis fallas, a través de mi impaciencia, a través de mi pérdida de control, a través de mi falta de claridad con los niños y la falta de amor y gozo y paz y todas esas cosas que soñé de cómo quería que fuera mi hogar, a través de mis fallas es como me di cuenta que no podía hacer eso.

Sólo hay una Persona a través de la cual puedo lograr esto y ese es Jesucristo. Lo necesito tanto. Así que fue a través de mis fallas. Y entonces a través de lo que dicen otras mamás menos jóvenes: “Es difícil, pero lo vale. Tiene un precio permanecer en la Palabra: Te costará tiempo de sueño, te costará tiempo, te costará tu energía, pero te costará mucho más no estar en la Palabra.

Así que busqué hacerlo en diferentes momentos en mi vida. Algunas veces durante el tiempo de la siesta, a veces temprano en la mañana. Yo no soy muy buena para quedarme despierta hasta tarde. Somos amigas, Nancy, y tú lo sabes. Tu tu mejor trabajo lo logras hacer en la noche, y yo lo logro temprano en la mañana.

Así que también traté de levantarme temprano en la mañana. El rendir cuentas también ayuda.  Animo a las mamás jóvenes, si estás teniendo problemas y sólo ves un versículo aquí y allá… tú sabes, sólo lo tomas al vuelo. Algunas mamás dirán: “Tengo este versículo y lo repetiré una y otra vez en mi cabeza” Eso es bueno, pero no es suficiente.

Descubrí que me ayudó rendir cuentas con otra mamá joven. Y eso lo hicimos cada jueves en la mañana (todavía lo recuerdo), mi querida Charlene, intercambiábamos nuestros hijos pequeños, y habíamos hecho una promesa. Cuando ella tenía mis tres hijos, junto con sus dos hijos, yo tendría dos horas libres.

Yo no podía hacer ningún mandado; no podía ir a la farmacia para recoger alguna receta o pasar a comprar leche. Yo me iría al Dunkin Donuts más cercano y compraría una taza de té y estaría con Él dos horas. Entonces al siguiente jueves, yo haría lo mismo por ella. Así que tenía un tiempo extra dos veces al mes. No parece mucho, pero esas horas fueron maravillosas.

Así que yo les animo a rendir cuentas y ayudarse con otras. Hagan el tiempo para ello. El Espíritu Santo les ayudará. No es la voz de Jesús la que les dice: “Oh, estás tan ocupada; estás tan cansada; te disculparé durante este periodo”. Pensamos cuando los niños son pequeños: “Es sólo una temporada. Cuando ellos estén dormidos durante la noche, será más fácil estar con Él. O cuando estén en preescolar o kínder será más fácil. Oh, ya sé, cuando se vayan a la universidad, será mucho más fácil.” Pero no será más fácil. Hay presiones de tiempo cada día de nuestras vidas en esta tierra.

Pienso en dos cosas con las que las mamás jóvenes realmente luchan, son el temor y el resentimiento. Esos temores de: “Oh Dios, pensé (antes de tener a este bebé) que lo tenía todo planeado, lo que iba a hacer.”

“Ya leí todos los libros correctos, y sabía lo que iba a hacer, y estaba encaminada”. Y entonces, dos horas después de haber dado a luz, ella se da cuenta: “Me duele, ¿Cómo voy a alimentar a este bebé?” y todas las preguntas empiezan como cascada a caer sobre y dentro y a través de ella.

Necesitamos recordar tanto que esos miedos que sentimos no son necesariamente de parte del Señor. El Señor nos dice: “No temas. Ven a mí. Yo tengo un plan; yo tengo un camino. Yo te he llamado a esto. “Fiel es el que los ha llamado, el cual también lo hará” Las animo a que como mamás no permitamos que los temores gobiernen nuestros corazones. Ellos nos consumirán, nos minarán. Estaremos exhaustas por ello. Pasaremos más tiempo con nuestros temores que lo que estaremos con energía positiva con nuestros niños.

Y entonces el resentimiento a veces se estacionará en: “Bueno, Señor, yo sé que te pedí hijos, pero no pensé que sería así. No sabía que sería tan difícil, no sabía que estaría arruinada, no sabía que me sentiría tan sola. Y no sabía que sería la única que no tendría éxito al criar a mis hijos. No sabía. Y estoy como… enojada. Tú sabes, esto no es como se suponía que sería.”

Y ese resentimiento no viene del Señor Jesucristo; ese resentimiento no es del Espíritu Santo. Jesús no nos da resentimiento. Eso es del enemigo de nuestra alma. Tenemos esos resentimientos en nosotras y decimos: “Señor, mira la sierva del Señor; haz conmigo de acuerdo a tu Palabra. Yo soy tu sierva. Tú me diste este bebé quejumbroso, este bebé que estaba enfermo”

Con nuestros tres hijos mayores, vivíamos en Escocia, los mayores continuamente estaban enfermos de neumonía, bronquitis, amigdalitis, todo eso. “Tú me has dado esto, Señor. No me voy a resentir. Lo voy a tomar como que viene de ti, por mi bien y por su bien y por el bien de tu Reino.”

Nancy: Tus hijos hablaron sobre los sacrificios gozosos que hiciste. Yo te veo como una mujer de gozo. ¿Es esa una palabra que te caracterizaba en tu hogar cuando tus hijos eran pequeños? ¿Tuviste que luchar por gozo o sólo te vino de forma natural?

Jani: Tuve que luchar por cada onza de gozo, porque la maternidad es planear para el futuro, y no siempre lo tienes resuelto en el momento, ahora. Me da tanto gusto haber escuchado a mis hijos hablar sobre nuestro hogar como un lugar lleno de gozo. Yo realmente tengo gozo en Jesús y quizás lo tenía en ese entonces.

Pero no es una reacción natural. Quiero decir, la maternidad es un trabajo de esclavo. No te pagan por él, es trabajo duro. Me recuerda de esa caricatura de un pequeño niño sentado en el regazo de su papá y están viendo el álbum de fotos de su boda. Y el pequeño de dos años voltea con su papá y le dice: “Oh, así que ese es el día en que mamá vino a trabajar para nosotros”.

Y pienso que así es como nos sentimos como mamás. ¡Nos sentimos como esclavas!

Nancy: No hay mucho agradecimiento. Realmente no puedes ver en lo que resultará hasta dentro de mucho tiempo.

Jani: Pero servimos a Aquel que vino a servir, y mientras nos hacemos más como Jesús en nuestra maternidad, entonces nuestro gozo puede venir. “Quien por el gozo que le fue puesto delante…” El gozo puesto delante de nosotras es seguir fielmente a Cristo y dejarle el resultado a Él, porque “a su tiempo segaremos”.

Nancy: Pienso en todas las frustraciones que veo en mamás jóvenes, en familias jóvenes, y este loco ajetreo, la vida llena de tantas cosas. Y hoy en día hay muchas opciones, muchas distracciones. Quizás, cuando tus hijos eran pequeños no eran tantas, pero he escuchado que hablas de hacer del hogar una prioridad, la familia una prioridad. ¿Cómo lo ves y cómo animas a las mamás jóvenes?

Jani: Yo lo llamo “maternidad con una misión” porque hay muchos tirones para una mamá joven, especialmente si es parte de una comunidad, donde debería estar. Hay responsabilidades en la iglesia, en su vecindario. Si sus hijos están en la escuela, tal vez habrá responsabilidades en la escuela y entonces aparte tiene todas las responsabilidades del hogar con su esposo, con sus hijos.

Pero creo que es realmente importante que las mamás den a sus hijos su completa atención en esos primeros años. Piensa en Tito 2:4 y 5 donde Pablo está diciendo: “Que las mujeres ancianas enseñen a las jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos”.

¿Por qué Pablo tenía que decirnos a nosotros las mujeres ancianas que hiciéramos eso? Porque mientras nos hacemos viejas, olvidamos cuán difícil es amar a nuestro esposo y amar a nuestros hijos en esos primeros años. Tenemos que ser animadas: “Es tu papel. Tú eres la única mamá que tienen.” Así que ten una misión en tu maternidad. Está dispuesta a decir “no” a las cosas de afuera para poner la maternidad de tus hijos en la primera prioridad.

Los niños te necesitan durante esta temporada. Ellos son tu principal ministerio. Necesitas ser flexible, maleable, absorbente con ellos. Necesitas estar ahí dándoles gracia, y toma tiempo, toma energía, toma creatividad, toma oración. Toma mucho trabajo duro.

Nancy: Ahora, ¿Dónde queda la relación con tu esposo en todo esto y por qué es importante? ¿Cómo, tu relación con Ray, te ayudó a crear un ambiento en tu casa que condujera a tus hijos a conocer y amar al Señor?

Jani: Bueno, yo me casé con un hombre que ama al Señor apasionadamente con todo su corazón, alma y mente: él está sirviendo a Cristo en el ministerio a tiempo completo (lo ha hecho durante todo nuestro matrimonio). Así que me encuentro en una posición un poco diferente que algunas de las que nos escuchan. Pero creo que no importa con quién estás casada, tu relación con tu esposo va primero que la relación con tus hijos.

Si pones a tus hijos como el número uno en tu hogar, antes que a tu esposo, eso es una gran responsabilidad con la que tu hijo tendrá que vivir. Papá tiene que ser primero, y la razón es esta: el matrimonio no sólo es para nosotros. El matrimonio es un símbolo para el mundo y para tus hijos de Cristo enamorado con la Iglesia y la Iglesia en una sumisión gozosa y humilde a su autoridad, Cristo como nuestra Cabeza.

Así que cuando tus hijos ven cómo te relacionas con tu esposo tienen una hermosa visión cercana de Cristo amando a la Iglesia y de cómo la Iglesia ama a Cristo. Así que creo que es muy importante que los niños, en cierto sentido, sean el número dos en la casa. Ahora, hay veces cuando un niño tiene necesidades que son más fuertes y más extenuantes que las necesidades del esposo. Un esposo entiende eso.

Pero debo platicarte de una ocasión cuando nuestros hijos eran pequeños. Ray estaba trabajando muy duro. Él estaba trabajando en su segunda maestría y pastoreando a tiempo completo y enseñando griego dos veces por semana, desde las seis hasta las diez. Ambos estábamos muy ocupados. Yo estaba cuidando bebés para ayudar a ganar algo de dinero aunque yo tenía que cuidar a tres pequeños propios.

Ray regresaba a casa y yo pensaba, “Oh, él realmente no se da cuenta de cómo estuvo nuestro día.” Y entonces, se interponía en un asunto de disciplina o ayudaba con los niños de alguna forma, y quizás hacía algo que yo sentía que no era correcto que lo hiciera. Yo le decía: “Oh amor, Christa no tomó su siesta completa hoy… Erik tiene dolor de oído…”

Y recuerdo que Ray me dijo alguna vez: “Querida, a veces me siento como si estuvieras protegiendo a los niños de mí”. Y estaba en lo correcto. Qué vergüenza me dio. Dios fue quien hizo a Ray su padre. Dios es el que apresuró mi corazón a decir “si” a Ray. No necesitaba proteger a los niños de Ray. Yo necesitaba ayudar para que ellos se relacionaran.

Yo necesito construir puentes ahí. Él no estuvo con ellos todo el día. Así que creo firmemente que el papel de esposa es más importante que su papel como madre. Si un hijo crece viendo a su mamá, completamente, apasionadamente, desesperadamente enamorada de su papá, eso les da seguridad y una imagen de qué clase de hogar construir en el futuro.

Nancy: Yo sé que esto se trata sobre la paternidad, pero ya que hablaste sobre el matrimonio, tengo que preguntarte sobre el beso de los seis segundos.

Jani: Oh, Nancy. Me pides que hable sobre eso ¡justo cuando estoy tan lejos del hombre al que le doy el beso de seis segundos! Bueno, vivimos, como casi todas las oyentes, una vida muy ocupada, con Ray que desayuna muy seguido a las 6:30 de la mañana y reuniones hasta tarde en la noche (a veces no llega a casa sino hasta las 10:30).

Eso pasaba también cuando nuestros hijos eran pequeños. Nos decíamos adiós desde un cuarto diferente de la casa. Yo estaba cambiando al bebé y escuchaba a Ray diciendo, “Adiós querida, estaré en casa a las cinco para cenar, y me tendré que ir a las seis para la reunión del cuarto para las seis.”

Y yo decía: “Muy bien, que tengas un buen día. ¡Adiós cariño!” Y nos despedíamos a la distancia. Y entonces llegó un punto donde me di cuenta de qué mal estaba eso, yo quería ser la última imagen y lo que mi esposo sintiera cuando se iba de casa. Así que decidí, y se lo dije a Ray, que nunca más nos gritaríamos adiós, sino que yo le diría adiós en la puerta de atrás cuando se fuera.

Y que, si me esperaba para que bajara las escaleras antes de irse, podría tener una sorpresa esperando ahí para él. Me propuse la meta de darle un beso de seis segundos, no un besito de adiós en la mejilla, sino uno de esos besos que dicen: “Estamos casados, y regresarás a casa conmigo, bebé”. Un beso de seis segundos que dice, “Adiós, llévame contigo durante el día. No puedo esperar a que llegues a casa. Te estaré esperando”

Creo que es muy importante para un esposo sentir que su esposa tiene tiempo para él en medio de su trabajo extenuante de ser mamá de niños pequeños.

Nancy: Bueno, estamos hablando con Jani Ortlund sobre ser una mamá y una parte importante de ser una mamá es ser la esposa para lo cual Dios te hizo. Como empezamos diciendo, todo comienza con tener una relación correcta con el Señor y todo fluye de ahí ¿no es cierto?

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